El peso de ser universitario

El peso de ser universitario no se refleja solamente en largas jornadas de estudio, en dormir poco o dejar de ver a los familiares y amigos. El peso de ser universitario se refleja también, y literalmente, en el peso.

Un estudio realizado por la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Santo Tomás de Viña del Mar, encabezado por Claudia Encina, da luces de una realidad preocupante de los estudiantes universitarios en nuestro país, con respecto a sus hábitos alimenticios.

Algunos de los resultados preliminares que arrojó el estudio son los siguientes:

– Entre el primer y tercer año de carrera, un estudiante sube en promedio un kilo de peso por año, como mínimo.

– Si consideramos todos los años que dura la carrera (entre cinco y seis), el rango anual del aumento de peso es de entre uno y dos kilos por año.

– El género y tipo de carrera no es factor para el cambio de peso durante el periodo universitario. De esta forma, tanto hombres como mujeres muestran aumento en su peso corporal y cambios en sus hábitos alimenticios, independiente de la carrera que hayan escogido.

Otro estudio realizado con 6.823 jóvenes entre 21 y 25 años (63% mujeres), provenientes de 54 universidades y centros de formación técnica, arrojó los siguientes resultados (para los estudiantes con peso normal):

– Más del 50% de los jóvenes no toma desayuno

– Alrededor del 30% no almuerza

– Cerca del 80% no cena

– Cerca del 40% no realiza actividad física

Causas de esta ganancia de peso

Los factores que promueven estos malos hábitos alimenticios en los universitarios son claros:

Tiempo insuficiente para comer: En promedio, el tiempo entre una clase y otra es de 10 minutos, y para la hora de almuerzo el tiempo entre clases no sobrepasa los 45 minutos. Se debe considerar además que en algunas casas de estudio la oferta de casinos y locales de comidas no alcanza a cubrir la demanda que se produce en la hora punta, y por tanto muchos estudiantes se quedan sin almorzar, o prefieren consumir productos envasados, con exceso de sal y azúcar.

Dinero insuficiente para elegir un buen almuerzo: por distintas razones, el dinero no siempre alcanza para elegir un menú saludable, y se opta por comer comida rápida.

Poca o nula actividad física: debido a todas las actividades académicas que debe realizar un estudiante universitario, el tiempo que puede dedicar a desarrollar alguna actividad física se ve drásticamente reducido. Si consideramos que un estudiante de un programa regular pasa entre cuatro y seis horas en clases al día, y que debe estudiar entre otras cuatro y seis horas al día (según lo que recomienda, por ejemplo, la Universidad de Cornell, en Estados Unidos), podemos concluir que el tiempo para hacer deporte es prácticamente cero.

Hay algunas universidades donde los créditos de actividad física son obligatorios, durante todos los semestres que dura la carrera, y eso es un gran aporte a la calidad de vida de los estudiantes. Lamentablemente, en la mayoría de las casas de estudio la actividad física es optativa, y solo es obligatoria un par de semestres.

Tarea para las universidades

Las universidades, y en general los centros de estudios superiores, deben tomar cartas en el asunto y procurar que la oferta alimenticia en sus instalaciones sea de calidad y saludable. Sus estudiantes pasan una cantidad importante de horas por día en sus aulas y patios, y es necesario desarrollar e implementar medidas que ayuden a los estudiantes a tomar conciencia de los alimentos que consumen, y exigir a los casinos en concesión ofrecer menús saludables.

Algunas universidades llevan años desarrollando iniciativas que buscan incentivar entre sus estudiantes (y en general en toda la comunidad) hábitos que promuevan una buena salud y calidad de vida.

En la Universidad Católica llevan 10 años motivando a su comunidad a través del programa Campus Saludable. A través de boletines de salud, capacitaciones y campañas de distintas temáticas, el programa busca incentivar la incorporación en la comunidad de estilos de vida saludables, con el objetivo principal de mejorar la calidad de vida de las personas.

Algunas recomendaciones para evitar el peso de ser universitario

Para minimizar el riesgo de alimentarse de maneras deficientes, los estudiantes universitarios deberían tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:

– Evitar la comida rápida. Si no es posible conseguir menús saludables en el lugar donde se estudia (ya sea por la poca oferta que hay o elevados precios) es preferible llevar una porción de comida desde la propia casa. Usar un termo es una opción muy práctica. En general en los centros de estudiantes hay microondas, así que llevar la comida fría en un tapet no es un problema.

– Evitar los snacks envasados. Olvidarse de las papas fritas, los dulces e incluso las bebidas azucaradas. Es fácil llevar desde la casa un sandwich de pan integral con pechuga de pavo cocida, por ejemplo, acompañada de una rebanada de tomate y algunas hojas de lechuga. Otra opción es llevar algunas piezas de frutas.

– Siempre portar una botella de agua. Hidratarse permanentemente es una buena estrategia para evitar antojos.

– Evitar pasar muchas horas sin consumir alimentos. Un estudio comprobó que pasar muchas horas sin ingerir alimentos favorece la elección de alimentos más calóricos y comer en mayor cantidad a si llevamos una ingesta de alimentos regular. (Ahora, hay estudios que concluyen que el ayuno bien programado favorece, entre otras cosas, el autocontrol, la elasticidad neuronal, mejora la respuesta anabólica de los alimentos y la quema de grasa. Pero un ayuno programado no es lo que los estudiantes generalmente hacen.)

– Definir horas en que se pueda comer de manera tranquila, y respetar esas horas de forma regular durante la semana.

– Realizar al menos media hora de actividad física de intensidad moderada (para principiantes) a alta (para avanzados), tres veces por semana.


En mi experiencia personal, en los años de estudio subí en total entre cuatro y cinco kilos. Antes de la universidad practicaba deportes de manera regular, pero una vez adentro dejé por completo la actividad física, durante seis años. A eso le sumé elecciones alimenticias no siempre saludables. Fue la ecuación perfecta para subir algunos kilos, y el peso de ser universitario se notó.

Les invito a dejar sus comentarios contándome qué experiencia tuvieron (o tienen) en sus periodos de estudiantes universitarios, y cómo les afecto el peso de ser universitario.

¡¡¡Saludos!!!

3 thoughts on “El peso de ser universitario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *